Murió el jueves pasado. Tenía 73 años. Desde hace 28 años no salía de casa. Se cayó y se hizo daño. De nacimiento tenía el lado derecho casi paralizado. Su corazón pedía cariño y su mente se había quedado prendida en la infancia.
En el funeral les decía a su familia y a quienes les acompañaban, que cuando la mente y el corazón exprimen todas las razones y motivos y no nos abren la puerta de la serenidad es que estamos ante el misterio. No sólo se nos muestra ante lo que desconocemos sino ante la impotencia de conocer más. Es nuestro límite que se roza con otra dimensión.
Muchos al llegar a esta encrucijada dicen que es cosa del destino. Es una fórmula o quizá el poso denso de un oscuro pesimismo. Pero tenemos otra alternativa, confiar y hacer el bien. Entrar en el misterio es confiar y seguir con lo mejor de uno dejando a un lado lo que nos estorba, para seguir caminando.
Le daba gracias al Señor en la misa del entierro por personas como Paquita que nos sacan de nosotros mismos; que nos piden ayuda en medio de una cultura que desea ser autosuficiente y que están ahí, presentes, sea que nosotros marchemos o lleguemos de algún sitio.
domingo, 22 de julio de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario