
Hoy estuve bendiciendo la casa de unos novios. Una pareja fenomenal. Me asombra lo claro que lo llevan y lo sensatos que me parecen.
Estuvieron las consuegras y me quedé hablando un rato con ellas. Son un poco más jóvenes que yo y en ambas familias éstos son los últimos hijos que se casan.
Una de ellas me dijo: José Ramón, hay dos cosas que rompen un matrimonio: que el marido te pasée a la querida por los morros y que el marido te ponga la mano encima (maltratos). Pero en cuanto a lo demás todo se puede aguantar.
Tienen más de 25 años de matrimonio las dos, así que podemos concederles la razón de la experiencia.
Hablamos de los muchachos y me decían que lo importante es que se aguanten y no se pierdan de Dios.
Me siento contento de ser invitado al juego del amor de los jóvenes. Es una suerte esto de ser cura porque los jóvenes le confían sus cosas a un corazón que peina canas, que no se asusta y que mira las cosas despacio y de través.
No hay comentarios:
Publicar un comentario