
Hoy hemos celebrado misa en el cementerio. Les decía a mis gentes: Estamos celebrando una paradoja porque en la casa de los muertos, venimos a cantar a la Vida.
El otro día hablé con Olvido, su esposo, Rafa, murió hace unos meses, tenía 80 años y ella tiene 83. Sus dolores, los que no la dejan dormir, los amansa componiendo poesías por las noches, luego las escribe con esa caligrafía precisa y bella que aprendió en la escuela.
Es un encanto de mujer. Su marido antes de morir le dijo: No dejes de arreglarte bien cuando yo me muera. Porque Olvido es de esas personas que son elegantes de natural. Sabe qué ponerse y cómo y cuando.
El otro día hablando de Rafa me dio un poema que os transcribo. Sé que vais a apreciar la ternura y la hondura de un amor grande y hermoso.
BESO EN EL CIELO
Con tu muerte me perdí,
y perdida estoy, que no me encuentro.
Siento que me dices muy bajito:
“No llores que estoy contento”.
Contento ¿por qué?
¡Por quererte con locura!
por estar juntos 60 años
y eso es mucho, pero mucho tiempo.
Fuiste muy generoso
expresando sentimientos.
Me decías: “Gracias mamá”.
Y a tus hijos los mostrabas tu cariño
ensalzando su digno comportamiento;
A una porque siempre estaba cerca,
a otra porque iba mucho a verte
pero tenía que estar lejos.
Hasta en esos días tan tristes
suspirabas por la suerte de tus nietos.
Pero te faltaba nuestro hijo,
que tanto echaste de menos,
y es que ya no estaba aquí,
él te esperaba en el Cielo.
Y llamabas a Marta
y Marta iba corriendo, y te atendía
como solo ella sabe hacerlo.
Pues aquí me tienes,
tratando de animarme con mis rezos;
pero ya rezo sola el Rosario,
tu ya no pasas los misterios.
¡Ah!, todos los días te doy un beso en la piedra,
cuando voy al cementerio,
pero eso ya se acabó,
desde hoy te le mando al Cielo.
Con tu muerte me perdí,
y perdida estoy, que no me encuentro.
Siento que me dices muy bajito:
“No llores que estoy contento”.
Contento ¿por qué?
¡Por quererte con locura!
por estar juntos 60 años
y eso es mucho, pero mucho tiempo.
Fuiste muy generoso
expresando sentimientos.
Me decías: “Gracias mamá”.
Y a tus hijos los mostrabas tu cariño
ensalzando su digno comportamiento;
A una porque siempre estaba cerca,
a otra porque iba mucho a verte
pero tenía que estar lejos.
Hasta en esos días tan tristes
suspirabas por la suerte de tus nietos.
Pero te faltaba nuestro hijo,
que tanto echaste de menos,
y es que ya no estaba aquí,
él te esperaba en el Cielo.
Y llamabas a Marta
y Marta iba corriendo, y te atendía
como solo ella sabe hacerlo.
Pues aquí me tienes,
tratando de animarme con mis rezos;
pero ya rezo sola el Rosario,
tu ya no pasas los misterios.
¡Ah!, todos los días te doy un beso en la piedra,
cuando voy al cementerio,
pero eso ya se acabó,
desde hoy te le mando al Cielo.
Olvido
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