
Con Zaragoza tengo una relación especial. No había cumplido los seis años y mis padres con mi hermana nos llevaron a “pasar por el manto” de la Virgen del Pilar. Después, el primer destino como sacerdote fue el seminario menor de Zaragoza, allí cerquita de la Romareda.
Estos días pasados de lluvias y desbordamientos, me he sentido muy cerca de aquel “padre Ebro” que bajaba musculoso, lleno de fuerza, casi desbordado. Y he mirado con ironía los esfuerzos de los organizadores de la EXPO sobre el agua.
Tengo la impresión de que organizadores, científicos y políticos se han equivocado. Hacer que el agua quede embalsada en un acuario fluvial, salga juvenil en una catarata, juegue en los chorritos de las fuentes aquí y allá, les puede haber parecido que habían “dominado” el agua.
¿Será que nuestra época sufre el espejismo de creer que la naturaleza está ahí para domesticarla? ¿Y si no es hoy, será mañana? A lo mejor la naturaleza está ahí para respetarla.
Estos días pasados de lluvias y desbordamientos, me he sentido muy cerca de aquel “padre Ebro” que bajaba musculoso, lleno de fuerza, casi desbordado. Y he mirado con ironía los esfuerzos de los organizadores de la EXPO sobre el agua.
Tengo la impresión de que organizadores, científicos y políticos se han equivocado. Hacer que el agua quede embalsada en un acuario fluvial, salga juvenil en una catarata, juegue en los chorritos de las fuentes aquí y allá, les puede haber parecido que habían “dominado” el agua.
¿Será que nuestra época sufre el espejismo de creer que la naturaleza está ahí para domesticarla? ¿Y si no es hoy, será mañana? A lo mejor la naturaleza está ahí para respetarla.
Al padre Ebro se le han hinchado las narices con tantos “juegos de agua” y ha venido a decir que aunque sea finales de mayo (un mes con tantas lluvias como no hacía 100 años), el agua campea a sus anchas y entra y sale sin permiso. Al agua no se la domestica, sino que se le canaliza.
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