
El lunes y martes de esta semana estuve en Salamanca visitando a un amigo y a sus padres. Están muy mayores, más de ochenta años y mi amigo Pepe les cuida con método, detalle y eficiencia.
Hacía más de treinta años que no veía a este matrimonio y con su poca memoria y el ramillete de sus afectos hicimos lo que pudimos. En todo caso hay un lenguaje que no falla. Cuando iba a verles lo tuve claro: Voy a darles un beso a estos viejitos querendones. Así que cumplimos a tope.
Por la tarde, brisa que se dejaba sentir, nubes altas, cirros, que pasaban a caballo. De allí me traje abrazos, besos y un soneto. Ahí va.
Una tarde, el pecho frente al cielo.
Avanza el esqueleto blanquecino
de la nave espacial en salmantino
sosiego hacia el quicio del anhelo.
Y luego, en la cápsula de hielo,
la cabeza del dragón peregrino,
las estrías en el cristal diamantino
y la rana que cruza el pontezuelo.
Como una noria el cielo se mueve
y elijo con los dados donde miro,
donde ciego, donde ansío y suspiro.
Y mientras enfilan las alas leves
las horas de este amigable retiro,
canto, callo, rezo, sueño y respiro.
2 comentarios:
thats amazing story.
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