domingo, 13 de julio de 2008

61. CAMPAMENTO


De nuevo la aventura. Desde los doce años he ido muchas veces de campamento. Los mejores fueron los JUCAIBA de Salamanca en Gredos. Fueron los años de estudiante de teología y aquellos grupos fueron una aventura descomunal.

Esta vez ha sido 22 niños y niñas, seis monitores adolescentes y tres mayorcitos que ya pasábamos de los 50. Aurelia era el ama de casa, cuando todos nos íbamos ella se quedaba guardando las gallinas. Paco, experimentado profesor de educación física, llevó el peso de las actividades. Y, por mi parte, andaba con un pié en el campamento y otro en la novena de la Virgen del Carmen. Hemos estado en la Sierra de san Vicente, norte de la provincia de Toledo, cerca de Gredos, en el campamento diocesano de EL PIÉLAGO.


Mis hermanos pequeños compusieron una convivencia estupenda. Claro está que adornada con alguna pelea, bastantes trastadas de los más alborotados, las bromas de los monitores… pero todos felices, quieren volver el año que viene y más días.

Fueron dos días, llenos de actividades. La aventura mayor fue fregar los platos. Para casi todos era su primera vez. Echar los restos a la bolsa de basura, ablandar lo sucio, enjabonar, aclarar y secar. Un proceso que muchos aprendieron y olvidarán.

Por cierto que ese mismo proceso nos podría valer para tratar nuestro corazón:

RESTOS A LA BOLSA DE BASURA
ABLANDAR LO SUCIO
ENJABONAR
ACLARAR
SECAR

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