martes, 1 de abril de 2008

ANA MARÍA Y PAULA


Son dos pequeñas de nuestra comunidad, 7 años. El jueves santo después de la procesión de El Nazareno se acercaron a mí.

Después de la procesión digo unas breves palabras a los presentes y terminamos con una oración. Mientras entraban las imágenes se acercaron y Anita hizo de portavoz:

- Oye, José Ramón, pero Jesús está vivo, ¿no?
- Claro. Lo que pasa es que cada año celebramos
el aniversario de cuando Jesús murió y fue sepultado. Pero Jesús está vivo.
- ¡Ah!

Y marcharon a su banco. El primero de la fila de la derecha, según se mira al altar.

La pregrunta de mis pequeñas es evidente. Estaban viendo la imagen de Jesús muerto en la cruz. El sepulcro para la procesión del Entierro del viernes santo. La Virgen vestida de luto… ¡Cómo no iban a preguntar sobre si Jesús estaba vivo?

Claro está que esa pregunta de las niñas tiene fuerza. Porque no hemos establecido una relación subyugante, atractiva entre nuestras gentes y la alegría de la resurrección. Ver a Jesús muerto nos conmueve, (¡Brevemente, claro está!) y ver a Jesús sonriente, alegre y chistoso nos compromete y eso es otra cosa.
Por eso, ¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

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