domingo, 17 de febrero de 2008

EL MONJE




Esta semana pasada estuve unos días en Valvanera. Ahí os pongo la foto de la Virgen, Patrona de la Rioja. Es un monasterio benedictino, desde finales del siglo IX, interrumpido por la desamortización de Mendizábal, entre 1836 y 1886. En un valle precioso. Sierra de la Demanda, pico san Lorenzo. Va de este a oeste y las habitaciones mirando al sur. Una maravilla. Al fondo el valle se oye el arroyo Valvanera día y noche. Por cierto, Valvanera significa valle de aguas.

Hay un monje particular en los monasterios. Es querido y a la vez temido. Es descanso y a la vez esfuerzo. Marca la vida y siempre está presente: el RELOJ. El sonido del reloj forma parte de ambiente de un monasterio, esté donde esté. Creo que es una medida pedagógica necesaria, porque el silencio y la repetición continua de los actos podrían llegar a una especie de anestesia vital.

Cinco minutos antes de la misa, quienes íbamos a celebrar entrábamos a la sacristía. Una vez revestidos, llegaba el que había de presidir. Un minuto antes de la misa estábamos todos en silencio preparados para cuando el reloj diese la hora y salíamos a la iglesia. Es buenísimo porque rompes el círculo de los pensamientos y obsesiones. Estás donde estás y no hay que hacer nada más.

Recordaba la sacristía de esta parroquia en la misa del domingo… ¡Me faltan manos! Los monaguillos, monitores, preparar lo necesario y si hay misa de catequesis,… adiós reloj.


Y es que el tiempo se amolda a nuestros relojes. Algún filósofo decía que entre los datos objetivos está el tiempo. Ya Enstein demostró que no es así, pero además el reloj de un monasterio no sirve para una parroquia, por lo menos para la sacristía de esta parroquia un domingo antes de misa.

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