domingo, 4 de enero de 2009

84. LA FAMILIA DE FÉLIX





Hoy he ido a comer a casa de los padres de Félix. Allí todos los domingos se juntan los hijos e hijas con sus maridos, esposas e hijos.

Una algarabía fenomenal. Todos los años, por lo menos en navidades voy a comer un día. Desde hacía un año no había vuelto.

La principal novedad es que aunque la mesa es grande, para doce, ya no cabemos todos. Así los niños han comido en segundo turno y además un menú para niños.

Antonio y Rosa tienen un niña, Irene. Están esperando familia, un niño. Están muy contentos, hoy no han venido a comer, les coincidía una reunión familiar de la otra parte.

Marisol y Jose, tienen tres niños: Nacho, el mayor, que va a cumplir once años (es el mayor de los nietos), luego Alejandro que hoy estaba acurrucado porque anda con gripe, tenía 39º de fiebre. Y, luego, la princesa de la casa: Laura, va a cumplir tres años en mayo, canta lo que quieras sin ninguna “preocupación por el entorno”, pasea entre todos como una princesa, con libertad, con elegancia, con respeto. Lo mejor de todo es que se sube al sofá y se mira en un espejo grande que hay en el salón y canta mirándose con desparpajo (lo habrá aprendido de los programas tipo Fama, digo yo).

Luego viene Perla y Manolo que tienen dos niños grandes y fuertes, Víctor y Manuel, ellos ya están más al fútbol que a la reunión.

Luego viene David que está de novio con Marta. Todos opinan que un día de estos se casarán. Ellos opinan que todavía no saben.

Luego vienen los abuelos. Antonia es el ama de la casa. Hoy nos ha preparado una sopa de mariscos con fideos que estaba riquísima y luego una merluza con salsa para chuparse los dedos. Es el ama. Le molesta la algarabía pero quiere y ama y lucha por la algarabía. A veces se queja de que los nietos pisen el sofá, pero no puede pasar sin ellos. Son seis nietos y el que viene, siete. Luego, el abuelo Félix. Lo han operado de la cadera derecha. Le han puesto una prótesis y se encuentra muy bien. Me contaba que ha aguantado hasta que no ha podido más y me decía que el año pasado, el día que cumplió los 73, el 31 de marzo, estuvo trabajando quince horas en la vaquería que tiene su hijo Antonio y que era de él… ¡Qué bárbaro nuestra gente trabajadora!

Y, luego viene Félix, el cura. Es un buen amigo. El 31 de diciembre vino a casa y estuvimos hablando como amigos. Los dos comentábamos nuestros defectos de carácter que influyen negativamente en la relación con la gente y nos duele y nuestro compromiso cada día de cambiar y mejorar. Estuvo de vicario en Yébenes, luego fue formador en el seminario de los jóvenes de bachillerato, ahí es nada, y ahora es párroco de un pueblo grande de Toledo: Fuensalida.



En fin, una comida maravillosa. Antonia me decía que cómo notaría el ruido de los niños. Le decía que sí que cuando entro en mi casa todo es silencio. Los pájaros y, poco mas, alguna moto que pasa por la calle, la lavadora cuando la pongo a trabajar,… pero soy feliz en mi silencio y, desde luego un domingo al año de algarabía se me hace poco. Perla me decía que un domingo se vienen a comer a casa para que escuche los gritos de sus hijos… ¡Pues, qué bien!

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