domingo, 12 de octubre de 2008

71. YERAY



El sábado fue el bautizo de Yeray. ¡Una fiesta!

El día anterior tuvimos la reunión para preparar el bautizo: los padres, padrinos, Yeray y un servidor. Estábamos comentando cómo los niños conocen mucho más de lo que nosotros creemos. La madrina, que hablaba poco, nos contó cómo Yeray había pasado la tarde con ella y había intentado dormirle, pero nada. Pero cuando llegó su madre se acomodó en los brazos y se durmió plácidamente. Eso fue en la reunión que estábamos celebrando.

Siempre me ha parecido ver en ese espejo la señal de la fe: un niño dormido, abandonándose sin temor, en los brazos de su madre o de su padre. Eso es un signo de la fe. No me extraña que el Maestro nos haya dicho que para entrar en el reino hemos de ser como los niños.

Recordé que san Juan de la Cruz en la introducción de uno de sus libros al hablar del progreso en la oración dice que lo mejor es ir en las manos de Dios, en los brazos de Dios, que se avanza más deprisa. No sé si él dice o me lo invento que cuando vamos de la mano, mirando a todas partes y queriendo verlo todo es muy difícil avanzar, ¡claro! Se ve que san Juan de la Cruz sabía confiarse, abandonarse en los brazos del Padre.

Bueno. Os diré que Yeray es un nombre guanche, antiguos pobladores de las islas canarias y significa GRANDE. Su padre es motero y organiza con otros el día de la moto para los jóvenes en Gamonal un sábado en verano. Si queréis venir…

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