A Juan
Ayer después de la misa pasé por la plaza. Estamos de fiestas y había mucha gente en los kioscos. Había tres niñas sentadas en un banco. Me acerqué a ellas. Elena me dijo: Mira tengo chicle. Abrió su boca y me enseñó el chicle que masticaba. Luego zarandeó la bolsita de chicle en su mano y me dijo: Y tengo más. Luego me dijo: Tengo tres años y cuando llegue mi santo tendré cuatro. Y me enseñaba con sus deditos el número de años que cumpliría. Lucía, que estaba a su lado extendió su mano y me dijo: Yo tengo cinco. Ana Belén, que estaba al lado de Lucía, extendió su mano y me dijo: Yo tengo cuatro. Llegando a este punto yo estaba haciendo cábalas para ver cómo salía del trance si me preguntaban los años. No me iba a resultar fácil decir con los dedos de las manos y los pies: Tengo sesenta. Pero no hubo caso.
Luego Elena cerró su boca y me dijo: Un beso. Le di un beso chiquito y lleno de afecto. Luego me despedí, pero yo llevaba una estrella en el corazón.
Como os digo estamos de fiestas y ayer pedí posada a Ovidio y Guadalupe. El baile comienza sobre medianoche y hacia las cuatro de la madrugada llegan los grupos de rock. Estos años aguantaba el ruido tremendo, pero este año he pedido posada. Ovidio y Guadalupe están contentos y felices de que pueda dormir en su casa.
Y todo esto, ¿a qué viene? Es que estoy de aniversario y os cuento los regalos de mi Señor Jesús. Él dijo, lo que él dice va a misa: Tendréis casas y padres y madres e hijos e hijas y amigos y amigas… La verdad es que cuando prometí vivir célibe pensé que era una renuncia que me costaba un par de… sudores. Pero a estas alturas del curso creo que ha sido el mejor negocio que he hecho en mi vida. ¡Gracias, Jesús!
Y es que estoy cumpliendo 35 años de cura. Estoy feliz, rodeado de mi gente, luchando por mejorar las cosas con ellos. Luchando por crear familia, comunidad, en esta parroquia con su dos comunidades. En fin, un gozo de vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario