
El miércoles pasado nos reunimos cuatro sacerdotes del grupo que formamos en el arciprestazgo. Nos fuimos a ver la exposición de belenes y, luego, a comer juntos y contar historias y acompañarnos.
La exposición de belenes la prepara cada año la comunidad de franciscanos que está en el santuario de san Pedro de Alcántara en Arenas de san Pedro (Ávila).
Han hecho un trabajo fenomenal. Una de las cosas curiosas es el cuadro de R. Van der Weyden, La Adoración de los Magos. Es un puzle de 10.800 piezas, viene del convento de las clarisas de Ávila. No nos dijeron si lo formaron las monjas o se lo regalaron.
Pero de todas las cosas que vi se me quedó una anécdota de san Francisco cuando inventó lo de los belenes en la gruta de Greccio allá por las navidades de 1223.
Resulta que la mula y el buey fueron las dos primeras figuras del belén, pero en aquel caso eran de verdad. El asunto era que en aquella gruta, donde se iba a celebrar la misa, no podían entrar los animales. Así que, como siempre hacía, se fue al Papa y le pidió permiso para entrar en la misa a la mula y al buey. El Papa… se lo concedió.
La exposición de belenes la prepara cada año la comunidad de franciscanos que está en el santuario de san Pedro de Alcántara en Arenas de san Pedro (Ávila).
Han hecho un trabajo fenomenal. Una de las cosas curiosas es el cuadro de R. Van der Weyden, La Adoración de los Magos. Es un puzle de 10.800 piezas, viene del convento de las clarisas de Ávila. No nos dijeron si lo formaron las monjas o se lo regalaron.
Pero de todas las cosas que vi se me quedó una anécdota de san Francisco cuando inventó lo de los belenes en la gruta de Greccio allá por las navidades de 1223.
Resulta que la mula y el buey fueron las dos primeras figuras del belén, pero en aquel caso eran de verdad. El asunto era que en aquella gruta, donde se iba a celebrar la misa, no podían entrar los animales. Así que, como siempre hacía, se fue al Papa y le pidió permiso para entrar en la misa a la mula y al buey. El Papa… se lo concedió.
Cuenta la historia que colocó a la mula y al buey delante del altar y allí colocó a un niño recién nacido. En la misa que presidió el sacerdote del lugar, porque san Francisco no era sacerdote, el buen santo leyó el evangelio y luego predicó y después de la predicación, cogió al niño en sus brazos y lo miró como si viera al Niño Jesús y lo acariciaba. Y se quedaba en silencio sintiendo el calor y los latidos del Niño y así dio la mejor predicación de cómo hemos de celebrar el nacimiento de Jesús en la cueva-establo de Belén.
¡FELIZ NAVIDAD!
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